La importancia del diseño en las portadas de música

La música es un pasatiempo muy común, es un arte que tiene el poder de evocar sentimientos, alterar estados de ánimo y memorias pasadas, en ella se concentran una cantidad extensa de artistas y géneros que buscan ser escuchados y reconocidos por un amplio público.

Pero la música no convive sola en este ámbito, necesita algo que la complemente, que le brinde un significado extra, aquí es cuando el diseño gráfico hace presencia; en el proceso de creación de una canción o álbum es esencial crear una portada que transmita todo lo que el artista te quiere contar, se tiene que hacer buen uso de los recursos ya sean fotográficos, ilustrativos, tipográficos, etc. Todo esto para cumplir la difícil misión de capturar la mirada del público, esos detalles pueden hacer la diferencia para que alguien se anime a escucharlo y se quede en la memoria de las personas (claro, obviando el hecho que si las canciones son buenas también permanecerán en la mente del oyente).

La primera portada

Para ponernos en contexto se debe mencionar un poco de la historia de la primera portada, aunque se pensaría que los discos siempre fueron acompañados de un diseño, la realidad es que existió una época donde su empaque solo consistía de cartón o papel estraza, agujereadas en el centro el cual permitía que se viera una etiqueta con el nombre del artista, canción, compositores y discografía, esto fue así durante mucho tiempo, hasta que llegó el diseñador Alex Steinweiss a crear la portada de Smash Song Hits de Richard Rodgers y Lorenz Hart en 1940.

La arriesgada propuesta de Steinweiss hizo que las ventas del álbum crecieran estratosféricamente y como toda acción tuvo una reacción, en este caso para bien ya que las disqueras empezaron a crear diseños para sus próximos lanzamientos.

Más que una portada

Con el pasar del tiempo, surgieron nuevos discos, con ello también nace la necesidad de crear productos que exigen tener una identidad más definida, algo que las caracterice y puedan expresarse desde un inicio sus intenciones, un ejemplo de esto es el álbum Unknown Pleasures de Joy Division (1979) la imagen de la portada muestra los aproximadamente 80 pulsos sucesivos del primer púlsar descubierto, fue creada por el diseñador Peter Saville. Una caratula cuanto menos curiosa e intrigante, un fondo negro con líneas blancas que parecen haber sido trazadas con duda y miedo, una irregularidad muy particular, así como las canciones que contiene el disco, desenfrenadas y densas, al menos esa es mi interpretación, porque a consideración esta icónica y simbólica portada es algo polisémica.

La necesidad de crear productos cada vez más llamativos empezó a resonar en las disqueras, ya no bastaba con solo la portada, por esta razón se empezaron a implementar nuevas formas de complementar un álbum, se agregaron nuevos elementos en el empaque como fundas de cartón con la misma impresión de la portada para proteger el estuche del disco, pequeños libros donde puedes encontrar las letras de cada track, calcomanías referentes al contenido, posters, portadas intercambiables y hasta el mismo cd con algún diseño, la experiencia de comprar, abrir y reproducir un disco se había convertido en algo más que llegar a casa y meterlo al estéreo.

El impacto de la era digital

Pero ¿qué pasa cuando llega la era digital, la viralización está latente y el alcance de producir música llega a la mano de todos? el diseño de empaque empieza a pasar a segundo o tercer plano, todo el diseño vuelve a recaer en la carátula y el recurso de la conceptualización cae ante el abarrotado mercado, la norma parece que se vuelca a un estilo fotográfico simple con poses repetitivas y carentes de personalidad, ahora sí que «métanle más diseño» ¿no? Para la primera canción y álbum es entendible, el artista busca permanecer en la mente del posible escucha, pero abstenerse a innovar en conceptos visuales puede parecer que lo único que desea es solo ser reconocido por su imagen física, es apreciable cuando realmente demuestran un cambio en su identidad y reflejan la identidad de su disco.

Un ejemplo de la evolución del contenido visual en la música es el álbum Biophilia de Björk (2011) una creación puramente visual e interactiva que se basa en elementos o fenómenos naturales, quizás este disco sea uno de los mayores avances que existen en cuanto representación de su contenido.

Hemos aprendido que sin el diseño la música carecería de una personalidad completa, que si bien los diversos géneros musicales le pueden aportar una parte, necesitan de este apoyo visual para ser mejor comprendidas.

Si eres un artista o productor debes comprender que el diseño va más allá de crear una imagen bonita y estética, centrándonos en este ámbito musical es notorio que se exige que seas arriesgado y te atrevas a ofrecer algo más que refleje tu arte, recuerda que un mensaje bien formulado siempre será bien recibido.

Si te gustaría experimentar tu identidad como artista, no dudes en contactarte con nosotros por medio de hola@crunar.mx, te apoyaremos en cada parte del proceso :)